Construcciones sostenibles de la mano con la sismorresistencia

En marzo asistí al I foro Internacional de ciudades y construcciones sostenibles convocado por el Consejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable y la Alcaldía de Quito. En este evento académico se debatió y aprendió mucho de las experiencias de expertos en la temática y qué acciones concretas se vienen realizando a nivel de ciudades como Buenos Aires, Cartagena de Indias, Quito, entre otras. Se aportaron muchas iniciativas para el diseño de las edificaciones: Optimizar la luz (eficiencia energética) y el agua (reutilizándola para el riego), terrazas verdes, jardines verticales, desarrollar una arquitectura bioclimática, etc. También añadiría un buen diseño sismorresistente de las edificaciones, ya que la primera sostenibilidad de un edificio es que éste ante un sismo fuerte se mantenga en pie y no colapse.  El costo de reconstruir un edificio colapsado impacta gravemente el medioambiente y la economía por supuesto.

Recientemente leí con mucho agrado en un artículo del USGBC (US Green Building Council) que se había otorgado la certificación LEED, en la categoría Nueva Construcción Nivel Oro,  a  una edificación que forma parte de las nuevas instalaciones dentro del campus de la Pontificia Universidad Católica del Perú denominado “Complejo de Innovación Académica de la PUCP” inaugurado en noviembre del 2014. Además lo que más me llamó la atención que no sólo es una edificación sostenible  desde el punto de vista ambiental, sino que también es amigable con los sismos, si se le quiere denominar de ese modo, ya que ha construido con los más modernos sistemas de aislamiento sísmico en el país. Siendo el Perú un país sísmico y con la probabilidad elevada de ocurrencia de eventos sísmicos de intensidad alta era de esperar que sea de este modo, pero lo importante es que este criterio de sismorresistencia no se deja de lado al concebir una edificación sustentable. Esto indica que no debe darse por supuesta ninguna de estas dos realidades: cuidado ambiental – cambio climático y fenómenos sísmicos, sino que forman parte de una misma realidad. Y recordemos que Ecuador es un país sísmico.

edificiopucp

Figura 1. Edifico Aulario de la PUCP en Perú con certificación Leed y con características sismorresistentes.

Fuente: PUCP

 

En Cartagena, ciudad del Caribe colombiano, ya han detectado sectores vulnerables que se inundarían por el aumento del nivel del mar y las precipitaciones hacia el 2040 debido al cambio climático. De Estados Unidos llegó la directora del US Green Building Council y señalaba que un edifico verde es un edificio sano y en su país se habían hecho estudios donde los niños que asisten a las escuelas verdes son más sanos y sus profesores están más inspirados. Por tanto puntualizaba que los edificios verdes mejoran a las personas. Esto es tan importante porque una edificación es donde estamos y un edificio concebido así cambia el mundo.  Por tanto se necesita de cambiar paradigmas que nos lleve a cambiar la manera de construir, siendo ésta una actividad económica pilar del desarrollo de un país, pero que necesita mitigar su impacto medioambiental. También el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si, publicada el jueves 18 de junio y recibida con muy buenos ojos, sostiene que hoy en día por el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades, ha hecho que éstas se han vuelto insalubres para vivir y no sólo por la contaminación de las emisiones tóxicas, sino también por el caos urbano, los problemas de transporte y la contaminación visual y acústica.  Pienso que esta problemática debería estar en uno de los frentes de trabajo de los alcaldes de nuestro Ecuador con medidas y acciones concretas. Basta pensar en la contaminación del Estero del Salado en Guayaquil.  Continuando con lo expuesto por el Papa, menciona que hay barrios que aunque hayan sido recién construidos  ya están congestionados y desordenados, sin espacios verdes suficientes. Enfatiza además  que el habitante actual está cada vez más inundado de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza.  Esta es una realidad en nuestra ciudad, Guayaquil,  donde hasta los  mismos parques son grandes áreas de hormigón y adoquines. Siempre he concebido que un parque debería ser lo más parecido a un pequeño bosque dentro de la ciudad.  Tengo la experiencia y lo he visto en Perú y Ecuador, que es  necesario cambiar la mentalidad de algunos grandes agentes inmobiliarios que, en aras de mayores ganancias, en sus nuevos proyectos limitan al mínimo posible el porcentaje de áreas verdes señalado por la municipalidad. Y qué decir de las viviendas de 36 m2 de área habitable, restándole calidad de vida a sus familias que la ocupan. Por tanto el problema del medio ambiente tiene también una raíz ética. Termino citando textualmente unas palabras del Papa: “Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”. Este es mi granito de arena para este gran debate desde la perspectiva de la construcción para una seria concientización en la problemática actual.