Preparar nuestras edificaciones frente a los terremotos

El sismo del 31 de octubre de 2015 de magnitud 4.3 ocurrido en el Guayas; así como la presencia de otros eventos sísmicos como el acaecido el lunes 26 de octubre, de 7.7 grados de magnitud, y que dejó al menos 280 muertos, en el sur de Asia, nos debe hacer pensar y no puede dejarnos indiferentes a la realidad que tenemos en el Ecuador. Este último movimiento telúrico asiático ha alcanzado ciudades populosas como Kabul (Afganistan), Nueva Delhi (India) y Islamabad (Pakistán). Y así como ha afectado a muchas ciudades asiáticas, también podría afectar a muchas ciudades de nuestro Ecuador, por estar en el Cinturón de Fuego y tener fallas geológica activas en el territorio.

Figura 1. Epicentro del sismo de magnitud 4.3 ocurrido en Ecuador el pasado 31 de octubre de 2015.

Desde el lado de las edificaciones, que es lo que concierne a mi especialidad como ingeniero civil, existen dos maneras de estar preparados: Diseño estructural sismorresistente para las edificaciones nuevas a construir y evaluación de la vulnerabilidad sísmica y su intervención estructural para las edificaciones existentes. En primer lugar, como sociedad, todos debemos tomar conciencia que toda nueva edificación para los fines que sea-vivienda, educación, comercio, salud, etc.- debería contar con un buen proyecto en todas sus especialidades. Las especialidades de arquitectura y  estructuras juegan un papel importantísimo frente a los sismos. Desde enero de este año rige ya como ley obligatoria la Norma Ecuatoriana de la Construcción NEC, la cual debe aplicarse a todo proyecto nuevo. Estuve hace poco en Colombia y allá existen las curadurías, organismos autónomos que revisan y controlan los proyectos que saldrán a la luz con mucha competencia profesional. Entidades así no existen en el Ecuador. Luego está que la construcción se ejecute con un plan de calidad, de tal modo que se respeten calidad de materiales, que los procesos constructivos sean hechos de acuerdo a la buena prácticas ingenieriles, y con una supervisión técnica cabal. Con esto sostengo que el construir es una ciencia que requiere del concurso de profesionales, por tanto la construcción informal o autoconstrucción debería dejarse atrás.

Figura 2. Edificaciones colapsadas en Kabul tras el sismo que sacudió Afganistán y el sur de Asia.

En segundo lugar, se deberían promover estudios especializados de vulnerabilidad sísmica en aquellas edificaciones existentes y que son esenciales por su nivel de ocupación y funcionamiento post-desastre: centros educativos, centrales de policía, bomberos, hospitales y clínicas, universidades, edificios públicos y gubernamentales, etc. y con los resultados obtenidos, se debe realizar trabajos de reforzamiento estructural ya que muchos de ellos no están preparados para resistir un evento de gran magnitud. Hace unos años el proyecto Radius detectó muchos edificios de la ciudad con condiciones de vulnerabilidad alta, pero a la fecha se sabe poco si éstos tuvieron algún grado de intervención estructural. Sector público y privado deben aunar esfuerzos y establecer políticas preventivas para disminuir la vulnerabilidad de sus edificaciones. Todavía hay mucho por hacer en el país en este aspecto. Como país necesitamos tomar conciencia que lo que matan, no son los terremotos sino las edificaciones mal diseñadas y mal construidas.