Guayaquil y la vulnerabilidad sísmica de sus edificaciones

El sismo madrugador del  martes 28 de abril, aparte de lo anecdótico del evento, como sociedad nos debe llevar a repensar en el hecho que estamos en un país sísmico. En 2010 fue Chile,  luego Perú, años atrás en 1985, México… y la constante de todos estos países igual al nuestro es que estamos en el Cinturón de Fuego, donde se almacena el 85% del potencial sísmico del mundo. El historial sísmico del Ecuador también lo constata, solo por citar el sismo de Bahía de Caráquez de 1998. El sismo ocurrido este martes, ya confirmado por el Instituto Geofísico del Ecuador, fue de magnitud de momento Mw= 5.9 y cuyo epicentro fue nuestra ciudad Guayaquil y a 71 Km de profundidad. Todos los días ocurren sismos en el territorio ecuatoriano, muchos de ellos son leves a moderados y no son sentidos por la población. Es evidente que los sismos no matan a las personas, sino las construcciones mal diseñadas y mal construidas.  Hemos visto en Nepal que hay construcciones que se han mantenido en pie, mientras otras no; trayendo la muerte y el dolor. México aprendió de su sismo del 85; Chile también, de sus múltiples sismos. 

Figura 1. Ubicación del sismo del 28 de abril en Guayaquil - Ecuador

Fuente: Instituto Geofísico EPN 

Si nos preguntamos: ¿Guayaquil está preparado para un sismo fuerte?. Tras haberme especializado en vulnerabilidad sísmica de edificaciones respondo que no. En primer lugar porque ya existen estudios especializados en la ciudad como la del Proyecto Radius que ya detectó zonas y edificaciones vulnerables. En segundo lugar  porque recién tenemos una norma NEC del 2014 que recoge la vanguardia mundial– y en parte aún – del diseño sismorresistente para nuevas edificaciones y hasta que se sociabilicen tardarán muchos años. En tercer lugar por la informalidad tanto del diseño estructural y más aún de la construcción.  Por conocimiento de causa, todavía no ha calado la cultura en los ingenieros constructores sobre la necesidad de buscar especialistas en cálculo estructural que diseñen sin escatimar en dimensiones de elementos ni en cuantías de acero para obtener una óptima edificación resistente a los sismos, además existe en las obras muchos descuidos en los procesos constructivos, siendo esto muy importante porque   al final de cuentas lo que resistirá un sismo no son los planos, sino lo que en realidad existe y se construyó. Un mundo aparte si se habla de la construcción informal o autoconstrucción, del maestrito de obra que construye sin criterio técnico ni calidad. La lección a aprender es que construir una edificación no es un juego, como no es un juego la vida de los que habitarán o trabajarán dentro de ella, y es por ello una toma de conciencia en los profesionales del gremio que se hagan las cosas bien y profesionalmente para no lamentar en el futuro. Las entidades municipales, de gobierno, del Colegio de Ingenieros Civiles, Arquitectos, y universidades tienen un rol protagónico en todo esto.

Aparte del nuevo diseño de edificaciones se debe comenzar a realizar estudios de vulnerabilidad sísmica en edificaciones existentes, de sobremanera en aquellos edificios esenciales que son necesarios por el servicio, que prestarían post-sismo, a la ciudad para albergar a los damnificados así como prestarles ayuda médica: Hospitales, clínicas, colegios, universidades, entidades gubernamentales, estaciones de bomberos, edificios de la policía, etc.  Vale decir que realziar un estudio de vulnerabilidad es  bien distinto que el diseño de una edificación nueva, ya que las metodologías de trabajo y los criterios son distintos. Existe una metodología denominada FEMA 310 desarollado por la Federal Emergency Management Agency de los Estados Unidos que está orientada específicamente a edificaciones existentes, y se aplica en 3 niveles de profundidad de estudio. En Guayaquil ya existe un estudio a nivel básico de vulnerabilidad realizado por el Proyecto Radius, pero que debe ser actualizado y concretarse en intervenciones de rehabilitación estructural.